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Tres “ideas fuerza” de las declaraciones de Alma Ata, Edimburgo, Santa Fe de Bogotá y Uruguay. Su importancia para el desarrollo y la evolución de la Educación Médica en el Siglo XXI


En el marco de las consignas de trabajo de los Seminarios de la Maestría en Educación Médica de la Universidad Nacional de Tucumán se realiza la siguiente producción.

Autora: Lic. Elina García

La primera idea fuerza de la Declaración de Alma Ata es la concepción de la salud como derecho humano fundamental y como objetivo social que exige la cooperación y coordinación de las acciones implementadas desde distintos sectores –político, económico, sanitario, medio ambiental, socio cultural, entre otros- tendientes a alcanzar un alto grado de bienestar para cada grupo poblacional específico. La salud entendida como un proceso histórico y social atravesado por condicionantes de distinta naturaleza complejiza y enriquece el desarrollo de la Educación Médica en el Siglo XXI ya que exige de la  multi – inter  y trans – disciplina para alcanzar el objetivo delineado por Alma Ata.

El principio de participación comunitaria en la promoción, protección y recuperación de la salud, prevención de la enfermedad y rehabilitación y reinserción social es significativa para la formación de los profesionales de la salud ya que las actividades de planificación, organización, ejecución y evaluación de la atención de la salud debe plantearse en términos de interacción y retroalimentación. En acuerdo con el pensamiento del autor del documento “El médico de cinco estrellas” se prevé como indispensable la formación del médico y otros profesionales de la salud como líderes comunitarios y gestores que, a través del establecimiento de una relación de compenetración con las personas entre las que trabajan, podrán consensuar las necesidades de los individuos y familias con las de la comunidad en la que se desempeñan, en equilibrio con las organizaciones dentro y fuera del sistema asistencial. La apertura extramuros es un pilar básico.

La tercera idea fuerza se vincula con la obligación de los gobiernos en el cuidado de la salud de sus pueblos. Esta idea supone la  coordinación y apoyo entre Ministerios de Salud y Educación, entre facultades y servicios, su participación conjunta en programas de salud, así como la supervisión y evaluación orientadas al mejoramiento de los servicios. Desde otra óptica supone para el estudiante el acceso y la continuidad de los estudios no condicionado por el estrato social al que pertenece así como la disponibilidad de infraestructura y equipamiento que garanticen la igualdad de oportunidades para alcanzar una formación óptima acorde con las necesidades prioritarias de la población.

En la Declaración de Edimburgo (DE) resulta algo complejo decidir por tres ideas fuerza ya que las mejoras que propone son sustentos básicos para la educación médica.

Ya que al menos el 80% de la demanda de atención de salud puede solucionarse con tecnología de bajo costo y alta efectividad, el ítem 1. propone diversificar los ámbitos seleccionados para guiar el proceso de aprender y el ejercicio de la práctica incluyendo todos los recursos de salud de la comunidad  -centros de atención primaria, consultorios,  domicilios, escuelas, lugares de trabajo, ámbitos rurales, centros de educación física, jardines maternales, centros de jubilados, entre muchos otros. Siguiendo el pensamiento del Prof. Dr. Carlos R. Fernández es momento de poner énfasis en el manejo, seguimiento y orientación del usuario (paciente, cliente) vertical. El desafío de la formación de los profesionales de la salud para el siglo XXI se centra en el desarrollo de capacidades, habilidades interpersonales, destrezas, actitudes y valores que les permitan distinguir, en función de la severidad de la situación que tienen que atender, si les resulta factible resolverla con los recursos de que disponen o tienen que referir el caso al centro de mayor complejidad que consideren oportuno. Conocer las limitaciones y las fortalezas de que se dispone y saber hasta dónde es factible llegar sin poner en riesgo la vida o la plenitud futura de las personas que se nos confían para brindarles atención es un puntal esencial a desarrollar. El manejo del paciente vertical también promueve el desarrollo de las acciones de promoción de la salud y prevención de la enfermedad.

Otra idea fuerza de la DE es la referida a asegurar la continuidad del aprendizaje durante toda la vida, cambiando el énfasis de los métodos pasivos al aprendizaje activo. Esto es básico y no es comprendido ni por los estudiantes ni por los formadores.  Resulta muy complejo transitar el cambio del modelo bancario tradicional a un modelo de aprendizaje activo, significativo y participativo. Siguiendo la idea de Candela María et al. (1991), se sustenta que el pensamiento humano se caracteriza por su variedad y que la diversidad de argumentos siempre contendrá más riqueza que la uniformidad de opiniones. El debate es posible cuando el formador no descarta de plano ninguna explicación sino que las mantiene como distintas opciones posibles y permite que se reflexione sobre ellas y que los propios estudiantes las analicen al confrontarlas. De esta manera se incorpora la duda y la opinión como parte del proceso de construcción del conocimiento y no se impone la posición del docente o del autor. La estrategia de memorización de algunos datos y definiciones no resulta contraproducente sino que puede apoyar la relación constructiva si las expectativas del formador no cierran la posibilidad de plantear explicaciones alternativas o nuevas dudas conceptuales. La posibilidad de una reelaboración del conocimiento requiere establecer una fluida dinámica de interacción del docente con los alumnos. Además permitirles intervenciones divergentes para conocer sus ideas y negociar con ellos el nuevo conocimiento –en función de los previos-; admitirles alterar la dinámica con aportes de dudas esenciales, interpretaciones alternativas e incluso cuestionar ciertos planteos. La educación se convierte así en una producción consensuada aunque el formador mantenga el control. [1]

  No es posible enseñarlo todo, sin embargo es imprescindible ofrecer a los cursantes las herramientas metodológicas que les permitan seguir aprendiendo durante toda la vida  a los efectos de mantener la competencia profesional. Siguiendo el pensamiento del Prof. Dr. Horacio A. Deza la vigencia de los conocimientos es de 4 años y la necesidad de incorporar un conocimiento nuevo sucede cada 73 días. ¿De qué otra manera se puede mantener la competencia si no es a través del estudio independiente? Sabemos que es perentorio captar a los egresados y formadores para incorporarlos en programas de educación y actualización continua. También sabemos que no es factible llegar a todos ellos. De aquí se desprende la importancia de promover el autoaprendizaje.

El ítem 5. de la DE propone entrenar maestros como educadores y no solo como expertos en contenido y recompensar esta excelencia educacional.  Siguiendo una vez más el pensamiento del Prof. Dr. Carlos R. Fernández, el docente como guía y orientador del proceso debe asumir su cuota de responsabilidad en la transformación del estudiante en un profesional de ciencias de la salud. En cuanto a los contenidos deberán constituirse en las variables de los cambios a realizar, utilizando distintas estrategias educativas como  la enseñanza basada en la evidencia, el ABP u otras que los integren.

La Declaración de Uruguay (DU), en su considerando, pone de manifiesto la preocupación relacionada con la segmentación social de la formación de los profesionales de la salud, condicionada por las diferencias de poder adquisitivo entre los distintos sectores sociales. Una formación profesional científica, social, humanística y ética demanda una movilización de la Universidad que le permita edificar las bases de sustentación de un nuevo paradigma que reconceptualice la salud en sus aspectos tanto biológicos como sociales  y configure un modelo que refleje un nuevo contrato social, basado en la solidaridad y orientado a reducir las diferencias y a favorecer la cobertura universal y la justicia social.

Entre las ideas más destacadas de la Declaración de Santa Fe de Bogotá (DSB) se reconoce la necesidad de articular políticas y acciones entre los prestadores de servicios de salud estatales y los recursos humanos en salud de las Universidades. Esa idea reconoce la existencia de áreas de desvinculación y orienta a promover la generación de políticas y trabajo conjunto entre formadores y  prestadores de servicios con el propósito de adecuar la formación de los RRHH a las necesidades prioritarias de salud de la población con compromiso social y actitud ética.  Siguiendo el pensamiento del Prof. Dr. Carlos R. Fernández se sustenta la necesidad de privilegiar durante la formación las prioridades regionales y nacionales, esto va más allá de la decisión personal de elección de una especialidad. Los médicos con esta formación pueden tener un desempeño excelente en servicios de alta complejidad, pero carecer de las habilidades que les permitan afrontar y resolver los problemas que se plantean en el primer nivel de atención.

Otro ítem importante, desde la perspectiva de la formación como Lic. en Enfermería, es la idea de articular los cambios curriculares en medicina con los de las otras profesiones de salud, así como promover la generación de asociaciones dirigidas a plantear y realizar la educación de manera conjunta. En realidad se trata de disciplinas distintas y complementarias y redundaría en beneficio de todos trabajar de manera integrada y coordinada desde la formación de los profesionales a los efectos promover el trabajo en equipos multidisciplinarios al momento del desempeño profesional.

Como última idea y muy significativa se rescata la recomendación orientada a “definir normas para la acreditación de instituciones de enseñanza en ciencias de la salud” En la Declaración de Granada se documentan los estándares internacionales para la Educación Médica de Pregrado, presentado en Copenhague, en octubre de 1999 y expresan la necesidad de que las facultades de medicina españolas e hispano americanas procedan de acuerdo con los estándares recomendados. Se comprometen a analizar y debatir los estándares propuestos y aplicarlos respetando las peculiaridades nacionales, regionales y autonómicas, así como los diferentes perfiles y desarrollos de cada institución; a trabajar con las facultades en su proceso de reforma a través de colaboración y asesoramiento y a  promover los mecanismos que faciliten los cambios que se deriven del proceso de análisis de los estándares propuestos.2


[1] De aquí que se considere la importancia central que tiene el contexto interactivo para analizar las posibilidades de la construcción del conocimiento en ciencias de la salud y la necesidad de profundizar en trabajos que permitan comprender estos procesos en toda su complejidad.

2 Su fin es contribuir al cambio y la innovación en la Educación Médica, cuya necesidad está ampliamente documentada.

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