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¿Ser viejos o sentirse viejos?


Para vivir la vejez sin sentirse viejo Joaquín Rocha, psicólogo especialista en Educación para la Comunicación, nos aporta una serie de estrategias dirigidas a que cada persona de la tercera edad acepte y asuma lo que es en verdad, y no lo que los elementos estresantes y las ansiedades de la sociedad le pretendan imponer. Puede que en la vejez no se sientan aceptados, queridos y aprobados. Si bien estos sentimientos se basan en la autoestima, bajo ningún punto de vista deben dejar de saberse capaces, sentirse útiles y considerarse dignos.

La vejez es una palabra que trae consigo inseguridad y sentimientos negativos a todos aquellos que se han dejado persuadir por los mitos que la sociedad ha instaurado para su propio provecho: hacer un culto de lo que es joven. Así es como llegar a viejo es introducirse en el mundo de los miedos y las limitaciones. La vejez es vivida más como un castigo que como la plenitud de una etapa de nuestra vida.

En ciertas ocasiones la vejez puede estar más arraigada en el pensamiento que en el propio cuerpo. Los parámetros físicos, con el tiempo sufren cambios. Pero cabría preguntarse: ¿se es viejo por lo que el cuerpo marca o porque uno se vivencia como viejo?

Podía considerarse a la vejez como una cima, a la que no muchos llegan. Tener una vida completa y plena es uno de los mayores privilegios a los que uno puede llegar. Para lograrlo debe haber una predisposición orientada hacia esta meta. Es preciso realizar ejercicios de voluntad para que el paso por la vejez sea con alegría, reconstruir los proyectos de vida, buscar la participación social y propiciar que el mundo de los afectos siga creciendo.

Uno de los mitos que giran alrededor de la vejez es que hay una pérdida gradual de la memoria. Puede ser, si no se la ejercita, pero hay hombres y mujeres que se esfuerzan por conservarla. Es frecuente encontrar personas de la tercera edad con una inteligencia y memoria prodigiosas. Los juegos de cartas o de tablero son oportunidades para pasar un buen tiempo ejercitando la mente y compartiendo con amigos, hijos y, por qué no, para estrechar lazos con nietos. Junto con estos beneficios, debemos considerar los que nos aporta en materia de relaciones de cantidades, proporciones, matemáticas, perspectiva… y mantener vivo el espíritu de competición y mejoramiento personal.

Además se dan espacios y tiempos para estrechar lazos compartiendo con familiares y amigos. Fortalecer los vínculos afectivos es una de las formas permanentes de estímulo mental. Visitar a los parientes, estrechar la relación con los nietos, asistir a cursos y conferencias, participar de grupos y asociaciones, trabajar para los demás y participar en defensa de ideales cumpliendo sueños no realizados aún, hacen que cada día sea “sentido como útil y solidario”, proporcionando enormes beneficios mentales y afectivos.

Otro recurso interesante es la lectura. Aquello que se postergó por años se puede ahora satisfacer. La curiosidad es un motor que pone la mente en acción y despierta nuevos intereses.

Aceptar que los años llegan y vivirlos con intensidad es un signo de sanidad y de bienestar. La edad es una parte ineludible de la vida. Aquellos que detestan ser mayores se vuelven emocionalmente sensibles, inseguros e irritables. La experiencia y los años, casi siempre, dan sabiduría. Se debe agradecer a la vida que dé la oportunidad de permitir poder transmitirla. No hay quien no guste de estar con personas llenas de sabiduría e ingenio.

El humor es otra de las variables a las que se debe apelar. Vivir con humor las nuevas situaciones activa en el cuerpo hormonas que promueven la salud física y espiritual. Podría considerarse como una válvula interna de seguridad, que nos permite liberar tensiones, disipar preocupaciones y relajarnos. Se debe tener en cuenta que los  estudios realizados muestran evidencia acerca de que estar de buen humor fortalece el sistema inmunológico.

Los atractivos de los adultos saludables que deberíamos aprender a valorar son:

  • La gratuidad, ya que no todo se ha de medir con el parámetro de la eficiencia; ante una sociedad demasiado ocupada y preocupada, necesitamos del testimonio gratuito de amor procedente de los adultos mayores.
  • La memoria, ya que recordar las raíces permite mantener latente el sentido de la historia y de la propia identidad. El diálogo de las generaciones permitirá guardar viva la memoria, para que no se repitan los errores del pasado y nos animemos con sus aciertos.
  • La experiencia, ya que la técnica y la ciencia no pueden reemplazar la experiencia. Hoy vivimos con prisa e innegable agitación. El anciano capta bien la superioridad del ser a la del hacer y tener; su presencia permite una visión más completa de la vida, y nos ayuda a valorar la sencillez, el silencio y contemplación.

Cuando se ha alcanzado una edad avanzada, o se está camino a ella, se puede hacer mucho para sentirse bien pero también debemos preguntarnos cuánto podemos hacer cada uno de nosotros para apoyar y estimular el desarrollo del adulto mayor en esta etapa llena de cambios, desde un lugar positivo y enriquecedor.

Es importante recordar que no se trata de “probarse a sí mismos” con la adquisición de una nueva capacidad y que, por eso, la exigencia no debe ser agotadora.

La intención es ampliar los horizontes, disfrutar estos medios y mejorar la calidad de esta etapa de la vida.

Referencia

Rocha, Joaquín. Vivir la vejez sin sentirse viejo. Disponible en: http://www.san-pablo.com.ar/rol/index.php?seccion=articulos&id=1482. Consultado noviembre 5, 2012.

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