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Día Mundial de la Hipertensión Arterial -17 de mayo de 2013


hipertension 2013
El Día Mundial de la Hipertensión (World Hypertension Day) se celebra todos los años el 17 de mayo.
La Argentina se encuentra frente a uno de los mayores desafíos de la salud pública en este siglo: la epidemia de enfermedades crónicas que relacionan la hipertensión arterial, la diabetes, las enfermedades cardiovasculares, la insuficiencia renal y la propensión al deterioro cognitivo precoz. “Son enfermedades de la era moderna, una gran enfermedad social que viene creciendo desde hace unas pocas décadas, donde el crecimiento del tejido adiposo desencadena un aumento de una hormona vasoconstrictora llamada angiotensina, y todo este proceso se potencia con el sobrepeso”, explicó Hernán Gómez Llambí, miembro de la Sociedad Argentina de Hipertensión Arterial (SAHA).
El cardiólogo Omar Martin, profesional del Hospital Urquiza de Concepción del Uruguay expresó que otra de las causas de hipertensión es la ingesta de antiinflamatorios comunes –como el diclofenac, aspirina, ibuprofeno- que pueden aumentar la presión y hacer que el paciente vaya a una consulta y esté hipertenso como producto de la ingesta de esos fármacos.
La hipertensión arterial es el aumento de la presión arterial de forma crónica. Es una enfermedad que no da síntomas durante mucho tiempo y, si no se trata, puede desencadenar complicaciones severas como un infarto de miocardio, una hemorragia o trombosis cerebral, lo que se puede evitar si se controla adecuadamente. Las primeras consecuencias de la hipertensión las sufren las arterias, que se endurecen a medida que soportan la presión arterial alta de forma continua, se hacen más gruesas y puede verse dificultado al paso de sangre.
Se desconoce el mecanismo de la hipertensión arterial más frecuente, denominada “hipertensión esencial”, “primaria” o “idiopática”. En la hipertensión esencial no se han descrito todavía las causas específicas, aunque se ha relacionado con una serie de factores que suelen estar presentes en la mayoría de las personas que la sufren. Conviene separar aquellos relacionados con la herencia, el sexo, la edad y la raza y por tanto poco modificables, de aquellos otros que se podrían cambiar al variar los hábitos, ambiente, y las costumbres de las personas, como: la obesidad, la sensibilidad al sodio, el consumo excesivo de alcohol, el uso de anticonceptivos orales y un estilo de vida muy sedentario.
La única manera de detectar la hipertensión en sus inicios es con revisiones periódicas. Mucha gente tiene la tensión arterial elevada durante años sin saberlo. El diagnóstico se puede realizar a través de los antecedentes familiares y personales, una exploración física y otras pruebas complementarias.
La tensión arterial es normal cuando los valores son de 120/80 mm/Hg, la mayoría de las veces.
La tensión arterial es alta (hipertensión) cuando los valores son de 140/90 mm/Hg o por encima, la mayoría de las veces.
Las personas con diabetes son un grupo con mayor riesgo de presentar hipertensión arterial. Más del 80% de los sujetos con diabetes tipo 2 tienen hipertensión y además, por lo general, necesitan mayor número de medicamentos para normalizar las cifras de tensión.
Dado que también la diabetes es un importante factor de riesgo de enfermedades cardiovasculares, su asociación con hipertensión claramente multiplica este riesgo.
En base a ello los valores de tensión arterial que se consideran “normales” para las personas con diabetes son inferiores a los de las población no diabética y deben estar por debajo de 130/80 mm/Hg.
La hipertensión no puede curarse en la mayoría de los casos, pero puede controlarse. En general deben seguirse una serie de pautas de por vida para bajar la presión y mantenerla estable. Los fármacos son sólo parte del tratamiento de la hipertensión, ya que también  se  recomiendan cambios en el estilo de vida, como pilares básicos pueden mencionarse:
– Reducir el peso corporal, si tiene sobrepeso.
– Reducir el consumo de sal a 4-6 gramos al día; consumir menos productos preparados y en conserva, y no emplear demasiada sal en la preparación de los alimentos.
– Reducir la ingesta de alcohol, que en las mujeres debe ser inferior a 140 gramos a la semana, y, en los hombres, inferior a 210 gramos.
– Realizar ejercicio físico, preferentemente pasear, correr moderadamente, nadar o ir en bicicleta, de 30 a 45 minutos, un mínimo de 3 veces por semana.
– Reducir el consumo de café.
– Consumir alimentos ricos en potasio, como legumbres, frutas y verduras.
– Abandonar el hábito de fumar.
– Seguir una dieta rica en ácidos grasos poli-insaturados y pobre en grasas saturadas.
Referencias
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