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Disertación de la Dra. Silvia Fernández Ayala sobre Dengue, Zika y Chikungunya. Enero de 2016.


Dengue

“Con el dengue se bajaron las acciones o directamente no se iniciaron porque estuvieron ocupados en la campaña electoral. Ese es un punto crítico porque la vida es el bien supremo y la salud es una prioridad, es un derecho constitucional. Entonces, no estamos bien. Ahora hay que remontar esto de la mejor forma posible porque también convengamos que no está en condición óptima la estructura de salud”. El planteo corresponde a la doctora Silvia González Ayala, una reconocida infectóloga que hace docencia en la Universidad de La Plata y en la Escuela Superior de Enfermería de la UNCPBA,  Olavarría. Preocupada por la epidemia de dengue, la profesional señaló que “no se trabajó como se debía” ya que “se empezó tarde con la descacharrización” y ahora la situación es más crítica. El brote máximo se espera entre el 15 de marzo y el 15 de abril.
“La epidemia en las provincias nos pone en una situación de riesgo aumentado. Si empieza la circulación viral todos nos podemos enfermar ya que ninguno tenemos experiencia con el virus del dengue y ese es el gran fantasma”, expresó la profesional de la salud.

Tiene conocimientos, experiencia y participación activa, ya que además es miembro de la Comisión Nacional de Inmunizaciones. Desde ese lugar, advirtió que “si tuviéramos epidemia en los centros urbanos la situación sería muy crítica” y recordó la epidemia de 2009 que puso en jaque al “sistema de salud porque no da a basto y quiebra a la sociedad porque las personas están enfermas y no hay quien preste los servicios esenciales. Nuestra comunidad no tiene una dimensión de lo que nos puede pasar y en Argentina tenemos 21 millones de personas en riesgo”.

La infectóloga puso en contexto la lucha contra el dengue y reseñó que “la re-emergencia del dengue empezó en los años 90 y desde el Ministerio de Salud de la Provincia, con el doctor Jorge Bolpe (Zoonosis Rurales de Azul) se hicieron los primeros manuales y se empezó a capacitar”. Han pasado 20 años y las políticas sanitarias “funcionaron con demasiados altibajos y empezamos a sacar la cabeza y a reaccionar cuando el problema ya está prácticamente en la puerta”, cuestionó.

El punto es que el problema no radica en el paciente que tiene fiebre y va a la consulta sino en

quien no manifiesta síntomas. “Por uno que tiene fiebre hay 7 que no tienen y contagian igual y lo mismo pasa con fiebre zika que está dañando a las mujeres embarazadas, a sus hijos, y trae como epidemia una enfermedad neurológica grave que produce parálisis, como es el síndrome Guillain Barré. El otro problema es la fiebre Chikungunya, terriblemente discapacitante por las artritis: un 5% pasa a la cronicidad y el 50% persiste con artritis hasta 10 meses”, precisó la profesional.

En la Argentina circula “el dengue 1 hasta donde sabemos en Misiones y Formosa pero Brasil tiene los 4 serotipos de dengue; Paraguay también, en Bolivia no hay información y esos 3 países están en epidemia con dengue, zika y chikungunya”.

Brote máximo
Hay una vacuna contra el dengue que transmite el mosquito Aedes aegypti, de origen francés y aprobada en Filipinas, México y Brasil pero “no es válida para esta epidemia porque tiene un esquema de 3 dosis en un año”, observó González Ayala. Para zyka y chikunguña hay vacunas en desarrollo pero en etapa inicial.

“No hay vacunas, por lo tanto no hay remedio. Entonces, no hay que tener el mosquito y eso es responsabilidad de cada persona en la comunidad. El Estado no hace magia. El problema está en nuestras casas y esto es lo que la gente tiene que comprender”, agregó.

Los grandes aglomerados son los puntos más vulnerables como “el Gran Buenos Aires y las villas, por el hacinamiento” mientras que en las ciudades del interior resulta “relativamente mas fácil ir trabajando con el vecino, casa por casa” pero también es necesario “articular muy bien la recolección de lo que se saca del fondo de la casa porque si lo pongo en la esquina, solo corro el criadero unos metros.

A nivel sanitario, esperan un brote máximo en marzo-abril. “El pico siempre, históricamente, es la segunda quincena de marzo y la primera de abril porque es cuando hay mayor cantidad de mosquitos. Desde los 90 se hace vigilancia de las poblaciones de mosquitos y eso permitió explicar por qué la epidemia de fiebre amarilla de 1871, durante la presidencia de Sarmiento, tuvo su pico el 9 de abril. En su momento, las autoridades lo ocultaron y festejaron el carnaval como si nada pasara”, graficó la especialista.

En provincia de Buenos Aires hay casos autóctonos “en Ezpeleta, Lanús y Avellaneda, que es el primer cordón y ya hay uno en Capital. El problema son los (turistas) que vuelven” con el agravante de que “el 70% de las personas infectadas por virus dengue o zika no tiene síntomas”.

Los casos asintomáticos desarrollan inmunidad. El problema es que “durante 5 a 7 días, si el mosquito pica a esas personas, transmite el virus. El que no tiene síntomas es el caballo de Troya pero es incontrolable. Eso de que sin mosquito no hay dengue es una verdad de perogrullo pero es así; entonces, trabajemos para que no esté”, insistió la infectóloga, que además es consultora en Infectología en el Hospital de Niños de La Plata.

Lo preocupante es que “no se trabajó como se debía. En agosto habría que haber empezado las actividades sostenidas de descacharrización. Se empezó tarde, en diciembre-enero y estamos en el escenario 2 desde el punto de vista del riesgo, que es cuando hay más mosquitos. No hay que dar oportunidad a que, con temperaturas óptimas más el agua estancada, aparezca el mosquito adulto”, sostuvo finalmente la especialista en infectología.

Por qué avanzó
¿Por qué hay dengue? ¿Influyó la tropicalizacion del clima o influyeron otros factores para que se propague virus? “Tiene que ver el aumento de la temperatura pero también fue porque se dejaron las acciones de control”, explicó a EL POPULAR la doctora Silvia González Ayala, especialista en infectología. La profesional indicó que, salvo Colombia y Venezuela, los demás países de América del Sur no registraban el virus porque “eran campañas muy intensas con programas verticales que después en los 60, con los regímenes militares, se dejaron de hacer y que también sirvió para controlar el paludismo y la fiebre amarilla. Así se eliminó el dengue. En la medida que eso se dejó de hacer el mosquito de Venezuela y Colombia fue siendo transportando y llego hasta nosotros hasta los 36º, que es la latitud de Olavarría”.

La experta recordó que la Argentina “tuvo la última epidemia en 1926 y después no tuvimos más hasta que empezaron focalizadas en 1997-1998 en Orán, Salta, con la primera epidemia de la re-emergencia. Después hubo en 2009, que tomó provincias que no lo esperaban como Catamarca y Santiago del Estero”. Nuestra ciudad es el punto más austral donde fue detectado el Aedes aegypti pero “se espera que vaya progresando hasta el sur, hacia Bahía Blanca. Y que no haya mosquitos depende de todos en la comunidad”, concluyó González Ayala.

Los desafíos de la nueva gestión. “Acá se necesita trabajo en equipo”
La nueva gestión lleva apenas un mes en el Gobierno como para hacer un balance. Sin embargo, lo que sí rescata la doctora Silvia González Ayala es que “hubo una orden terminante y realmente para destacar de transparencia en la información” a la hora de asumir una problemática sanitaria. La infectóloga tomó como punto de partida la experiencia anterior “en la Provincia, que en marzo de 2015, reconocieron la epidemia de dengue cuando ya el rumor popular era terrible. Acá se reconoce de entrada la situación, hay transparencia y eso es clave. Si no hay transparencia y buena información la gente no toma conciencia y en esto cada uno debe tomarla para eliminar los criaderos de mosquitos”.

Con respecto a la actual ministra de Salud bonaerense, Zulma Ortiz, aclaró que “la conocía pero con un trato protocolar, del Ministerio de Salud de la Nación, porque fue la que trajo el sistema de vigilancia epidemiológica, VIGIA, que está actualmente vigente en la Provincia”. Ahora, además de los funcionarios que encabezan las áreas, consideró que “con buenas políticas y buenos equipos cosas se pueden hacer, ya que no depende de la voluntad de una persona. Acá se necesita equipo y que cada uno haga lo que tiene que hacer y no mirar para el costado pensando ‘a mí no me va a tocar’. Nos toca a todos. Venimos de muchos años de un comportamiento absolutamente diferente y sin aportes y por eso es tal la condición en que está la estructura de salud”. A su entender, hay que dejar atrás “la falta del ejercicio de la autoridad para el cumplimiento de las cosas, mucho amiguismo, mucha tolerancia, todo estaba bien… No ha habido premios y castigos y eso va a costar revertirlo y se nota muchísimo”.

Fuente

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